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La Coctelera

El bigote

No confundir este bigote con el del que hacía negocios y apaños con los califas peperos. Este corresponde al ínclito Aznar, presidente que lo fue de las Españas hace ya algo más de un lustro. Ahí le tenemos, mostrando el famoso dedo a los estudiantes que le pedorrean. Dedo que fue famoso hace seis años por ser usado y abusado para abdicar- como un César visionario- en su Delfin o sucesor por L.G.D.: el aspirante Rajoy. Mostrando ese dedazo, como de plastelina, también mustra su catadura (no, no he dicho caradura) por si todavía queda alguien que la desconozca, otra cosa es que se la aplaudan algunos, muchos todavía, según se mire.

 

 

 

Foto: Público.

El pulso del Rey

Tal parece que el monarca, sin querer queriendo, aproveche como otros la situación de aguas revueltas para hacer "campaña".
Mostrarse antes los españoles republicanos- y monárquicos a punto de abandonar el barco- como un nuevo salvapatrias. Hace mucho del enredo del 23F y conviene renovar las pilas, que no se puede vivir toda la vida de un gol, como dicen que ocurrió con el que les marcó Marcelino a los rusos, que yo ni lo viví ni lo vi, ocurrió un siglo antes de mi advenimiento.

¿Que el gesto puede interpretarse como se quiera...? pues sí, cada quien como le venga más a mano. ¿Que quiere poner concordia y sensatez entre las huestes opositoras? Quizás, pero además de no lograrlo es que a quien parece que le hace un flaco favor es al Gobierno al que- con su intromisión en las cosas del Ejecutivo- deja en posición desairada.
De modo que dudo mucho que las conversaciones de la Zarzuela renueven los pactos de la Moncloa, pero la "seva maiestad" ha dado un traspie que seguramente no ha hecho gracia ni a los suyos. ¡Ese afan de protagonismo!

¿Todo un ejemplo?

Resulta más que chocante ver al frente de la Confederación Empresarial a un empresario que ha alcanzado el cénit del fracaso como tal. No es que ningún empresario esté a salvo de la quiebra, del cierre o la suspensión, el riesgo forma parte de su actividad, pero cuando menos es poco edificante mantener en primer término, al frente de los empresarios del país, a quien ha demostrado poca o insuficiente habilidad para sobrevivir a la crisis, o a las dificultades particulares de sus empresas.

Si no es edificante su imagen como empresario, mucho menos lo será como interlocutor social. A la hora de negociar con los sindicatos no dejará de lastrar su participación en la negociación las actitudes tomadas en relación con sus plantillas, que llevan meses sin cobrar y le acusan de todo tipo de irregularidades a la hora de formalizar, si a estas alturas lo ha hecho, la suspensión o la quiebra oficial de sus empresas. No ayudará, si no todo lo contrario, su presencia en esas negociaciones- tan invocadas por todos- a la hora de hacer concesiones y reducir la distancia entre lo que unos quieren y los otros no desean.

Seguramente haría un servicio impagable a la patronal y al diálogo social con una honrosa, o menos, retirada a tiempo. Pero aquí no dimite nadie, o casi nadie.

Haití, ¿para quién?

Cíclicamente nos asaltan las imágenes, y las noticias, sobre grandes catástrofes que sistemáticamente asolan este pequeño país. Casi siempre son noticias que tienen que ver con la brutalidad de sus sucesivos dictadores  y los métodos de la guardia pretoriana de la que se dotan para matener asustados, atemorizados y soguzgados a sus ciudadanos.

En esta ocasión ha sido un terremoto el causante de la destrucción de varias ciudades y, en especial, de la capital, Puerto Príncipe. Ni los edificios más emblemáticos, los del Gobierno, la ONU, la Catedral... han soportado la intensidad con la que ha temblado la tierra. La ciudad destruida y posiblemente más de cien mil muertos son, de momento, el balance. Desde todos los confines del planeta se envían recursos, alimentos, medicinas, agua, médicos, bomberos... pero los EEUU envían diez mil marines.

Quizás, es tan necesario el orden como el reparto de la ayuda, quizás. Pero estas formas de los americanos del Norte despiertan suspicacias. Controlan el aeropuerto y deciden quién aterriza y quién no y en qué orden, comienzan a controlar las calles y los cruces y deciden a quién identifican, detienen, o impiden el paso. El poderío económico-militar es una realidad casi indispensable en esta situaciones pero... qué formas, qué métodos, y qué falta de diálogo con otros países, con la UE por ejemplo, a la hora de tomar decisiones tan graves sobre un país que por carecer, carece hasta de un gobierno, de una estructura de mando y de organización. Confíemos que esta "ayuda" extraordinaria no termine con una permanencia indefinida que convierta a Haití en otro estado asociado a los EEUU.